lunes, 28 de enero de 2019

Recogiendo los frutos de la palabra


350 alumnos abarrotaban el salón de actos del colegio Mirabal de Madrid. Javier de la Puerta, campeón del mundo de debate, se acercaba parsimonioso al atril donde le esperaba el micro con el que anunciar los equipos que se habían clasificado para la fase final del III Torneo Nacional de Debate CICAE. 40 conjuntos habían competido en las rondas clasificatorias, y sólo 20 de ellos viajarían a la Universidad Camilo José Cela en marzo para disputar el evento final. Yo me encontraba junto a Migue, el otro formador de debate, y rodeados ambos por los 8 alumnos del Lope de Vega que formaban los dos equipos que habíamos llevado al torneo. Todos aguardábamos expectantes el resultado de la ronda previa. Cuando el orador dijo el nombre del primer clasificado, todos saltamos de júbilo. Se trataba del Pablo Picasso, compuesto por Josevi, Rafa, Tavi y pedro. Y cuando ya dijo el segundo, y descubrimos que se trataba de nuestro otro conjunto, que bajo el pseudónimo de Irene Adler tenía a Laura, Hugo, Karine y Carla, la sorpresa inicial dio paso a la euforia. Habíamos conseguido ser los dos mejores conjuntos de los 40 colegios que participaban en la fase.


Pero antes de llegar a este punto debo que volver dos meses atrás, hasta el día que salió de forma oficial la pregunta del debate: “Es positiva la inmigración para la economía de la Unión Europea”. Desde entonces hasta que cogimos el tren en la estación de Atocha el viernes pasado se encadenaron semanas frenéticas en las que entre todos fuimos acumulando argumentos, exordios, evidencias, citas históricas y un enciclopédico conocimiento sobre la materia. Para cuando nos sentamos en el AVE el viernes a primera hora, lo hacíamos con la tranquilidad del trabajo bien hecho . Eso, por supuesto, no asegura una victoria, pero como dijo Nikola Tesla: “Quien todo lo da, nada pierde”.

Nuestro primer reto no consistió en vencer al resto de debatientes, sino en poder llegar a nuestro destino en plena huelga de taxis madrileños. Finalmente conseguimos alcanzar nuestro destino, el acogedor colegio Mirabal, situado en Boadilla, a las afueras de Madrid. A partir de las presentaciones iniciales, el tiempo transcurrió entre debate y debate de forma frenética. Paso a paso se iban acumulando las buenas noticias, al ver que todo lo que habíamos preparado fluía de forma extraordinaria, y nuestros chicos argumentaban como el mejor Ciceron en el senado romano. Para cuando acabó el día ya llevábamos pleno de victorias, 4 de 4, y la clasificación para la gran final cada vez estaba más cerca.




Así que pudimos ir a cenar al Ribs, lugar elegido para reunir a todos los colegios (350 alumnos participaron en el evento) con una sonrisa imborrable en el rostro. Lo que ya fue más complicado fue calmar la alegría a la hora de dormir, ya que nuestros jóvenes debatientes parecían no tener fin en sus ganas de charlar y en seguir gastando bromas. Entre risas y juegos de cartas fueron cayendo uno a uno, a la espera de lo que quedaba por venir.

En el último debate de la fase previa, ya en la mañana siguiente, nos jugábamos asegurar la clasificación, y he de reconocer, con la mayor sinceridad, que nuestros chavales estuvieron sembraos. Refutaban los argumentos contrarios de forma excelente y defendían los propios de manera sólida e inapelable. Mientras les observaba mi mente retrocedía un par de años atrás, cuando la mayoría de ellos empezó a participar en estos torneos, y eran los benjamines del torneo nacional. Ahora, en 1º de Bachiller, eran ellos quienes se llevaban los elogios de sus compañeros y las miradas de respeto cuando cruzaban los pasillos. “Allá van Irene Adler y Pablo Picasso”, comentaban entre susurros con gestos de admiración los estudiantes de los colegios rivales.

Conseguimos redondear una fase de clasificación perfecta y hacer pleno de victorias, lo que nos dio las mencionadas primeras plazas de toda la fase. Sin embargo el torneo no terminaba aquí, y siguió con unas rondas eliminatorias, pese a que el título final se decidiría un par de meses más tarde. En ellas los chicos de Picasso tuvieron un duro revés en octavos de final, ya que para sorpresa de todos aquellos que pudieron presenciar su debate, uno de los miembros del jurado quiso dar por ganador al equipo contrario “pese a no haber refutado ni uno solo de los argumentos”. Pese a lo injusto de la decisión, los alumnos la acataron con deportividad, y con la satisfacción indeleble de haber sido el mejor equipo de toda la fase previa.

Por su parte, Irene Adler fue pasando rondas hasta llegar a semifinales, donde compitió contra el SEK Ciudalcampo, que llevaba el sobrenombre de Carpe Diem. Para los que asistimos a aquel enfrentamiento, no hubo duda de que se trató del mejor de todo el torneo, reconocido por los propios miembros del jurado tras la finalización del mismo. Ya en el último duelo de las eliminatorias, el colegio Arturo Soria se llevó el gato al agua, emplazando a nuestros chicos a vernos las caras en la gran final de marzo.

Como el tren lo teníamos ya reservado para la mañana del día siguiente, aprovechamos la última noche para ir al centro comercial que se encontraba junto a nuestro hotel. Allí, ya sin la tensión del debate, los chicos disfrutaron de su noche libre, entre pizzas, tacos mexicanos y sesión de cine. No faltaron las anécdotas de los debates, con argumentos “vacantes”, recuerdos de intervenciones antológicas y por supuesto de los errores más graciosos de cada uno. Para cuando nos montamos el domingo en el tren de vuelta, un único pensamiento recorría nuestro vagón: las ganas que teníamos todos de volver a Madrid en un par de meses para terminar de materializar el gran resultado y las extraordinarias sensaciones que nos había dejado a todos este viaje.  



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